miércoles, 11 de febrero de 2015

REPARAN CON "CÉLULAS MADRE" HUMANAS CEREBROS DE RATAS DAÑADOS POR LA RADIOTERAPIA


A las personas con cáncer cerebral, la radioterapia les puede salvar la vida; sin embargo, también puede causar daños en el cerebro, a veces irreversibles, sobre todo, en los pacientes más jóvenes.

El tratamiento contra el cáncer cerebral incluye sesiones de radiación que, a veces, pueden destruir células esenciales en la transmisión del impulso nervioso. Ahora, científicos de Nueva York han sustituido estas células en cerebros de ratas por otras nuevas, obtenidas a partir de células madre humanas. Las ratas así tratadas recuperaron sus funciones motoras y cognitivas. 

05 febrero 2015 a través de SINC

El tratamiento pareció seguro y no provocó el desarrollo de tumores
La razón reside en que, en algunos casos, este tratamiento mediante radiación controlada destruye unas células llamadas oligodendrocitos, responsables de mantener el envoltorio de mielina de las neuronas. Esta capa aislante envuelve las colas neuronales –los axones– y permite que los impulsos nerviosos viajen largas distancias. Con la cubierta de mielina estropeada, el impulso nervioso se frena o se detiene en mitad de los axones. Los trastornos del sistema nervioso pueden ser graves.
Investigadoras del Memorial Sloan Kettering Cancer Center (MSK) de Nueva York han desarrollado una técnica –publicada en la revista Cell Stem Cell– para inyectar y programar células madre humanas capaces de reparar este daño cerebral causado por la radioterapia.
Las ratas en las que se llevaron a cabo los experimentos fueron tratadas con las células madre y, tras las pruebas, recuperaron las funciones cognitivas perdidas.
“Ser capaces de reparar el daño provocado por la radiación podría tener dos implicaciones importantes: mejorar la calidad de vida de los supervivientes y expandir la ventana terapéutica para aplicar la radiación”, explica Viviane Tabar, neurocirujana del MSK.
El equipo buscó la manera de obligar a las células madre a que reemplazaran a los oligodendrocitos deteriorados
El equipo, dirigido por Tabar y liderado por la investigadora asociada Jinghua Piao, buscó la manera de obligar a las células madre a que reemplazaran a los oligodendrocitos deteriorados.
Su estrategia consistió en cultivar células madre, tanto embrionarias como pluripotentes inducidas a partir de biopsias de piel, en presencia de ciertos factores de crecimiento y otras moléculas, para que se desarrollaran como oligodendrocitos.
Una vez hubieron conseguido que las células madre se convirtieran en oligodendrocitos, los utilizaron para tratar a las ratas que previamente habían sido expuestas a la radioterapia.
Cuando se les inyectaron las células en regiones concretas del cerebro, los animales recuperaron las capacidades cognitivas y motoras que habían perdido durante la exposición a la radiación. Además, el tratamiento pareció seguro y no provocó el desarrollo de tumores.
Sin embargo, los investigadores insisten en que hay que seguir investigando, sobre todo porque se trata de unestudio preclínico: “Esto tendrá que probarse de manera definitiva, pero si somos capaces de reparar el cerebro, podríamos aumentar las dosis de radiación, dentro de los límites”, ha indicado Tabar.
El tratamiento, explican, podría ser especialmente importante en niños, a los que se aplican dosis bajas de radiación porque son más vulnerables a los daños.
La investigación ha sido financiada por el Instituto Nacional de Trastornos Neurológicos y Accidentes Cerebrovasculares -que es parte, a su vez, del Instituto Nacional de Salud (NIH)- y la Junta de Células Madre de Nueva York (NYSTEM).

LA GENÉTICA PREDISPONE A LA OBESIDAD MÁS QUE LA DIETA O EL SEDENTARISMO

Hay gente a la que no le engorda nada y gente a la que todo le engorda. Esa frase tan presente en el imaginario popular cobra ahora más sentido a raíz de la publicación en Nature de dos estudios que explican las razones por las que las personas ganan más o menos peso y la grasa queda almacenada en distintas partes de sus cuerpos.
11 de febrero a través de SINC
Los autores, de diversas instituciones y miembros del Consorcio de Investigación Genética de Rasgos Antropométricos (GIANT), analizaron muestras genéticas de más de 300.000 personas, en el mayor trabajo hasta la fecha sobre la variación genética y su relación con la obesidad.
Los resultados muestran más de 140 posiciones en todo el genoma que influyen en diversos rasgos de la obesidad, lo que triplica el número de localizaciones genéticas conocidas hasta este momento. Así, aunque la dieta y el ejercicio son importantes, la genética es fundamental en la tendencia de las personas a ganar peso y a almacenar grasa.
Los resultados triplican el número de localizaciones genéticas relacionadas con la obesidad conocidas hasta este momento
“Se trata de un primer paso hacia la identificación de genes adicionales que afectan a la obesidad. En el futuro, algunos de estos genes pueden ser buenos objetivos para el desarrollo de fármacos”, explica a Sinc Karen Mohlke, profesora de genética en la Universidad de Carolina del Norte (EE UU) y autora principal del primero de los artículos.
El estudio liderado de Mohlke se centra en dónde se almacena la grasa en el cuerpo, uno de los determinantes de riesgo para la salud. Por ello, uno de los rasgos observables vinculados a los lugares genéticos fue el ratio entre la circunferencia de cintura y de la cadera.
El peligro de la tripa
Las personas con las cinturas más grandes que la cadera tienen mayor grasa abdominal rodeando los órganos situados en esa zona. Esto los hace más propensos a padecer trastornos metabólicos –como diabetes tipo 2 o problemas cardiovasculares– que las personas con la grasa corporal más concentrada en la cadera o distribuida por igual en todo el cuerpo.
Mohlke añade que averiguar “qué genes influyen en el lugar donde se deposita la grasa ayudaría a entender la biología de la resistencia a la insulina, el síndrome metabólico y las enfermedades del corazón".
En el trabajo se constató que las localizaciones genéticas asociadas con depósitos de grasa se vinculan con genes previamente relacionados con la creación del tejido adiposo. Los investigadores también determinaron que 19 de las localizaciones genéticas relacionadas con la distribución de la grasa poseían un efecto más fuerte en mujeres; y solo una afectaba más a los hombres.
19 de las localizaciones genéticas relacionadas con la distribución de la grasa tenían un efecto más fuerte en mujeres y solo una en hombres
IMC vinculada a factores genéticos
El segundo artículo publicado en Nature se centra en el índice de masa corporal (IMC). En él, los científicos identificaron 97 regiones de todo el genoma que influyen en la obesidad, un hallazgo que triplicó el número de regiones previamente conocidas.
Además, encontraron que las localizaciones genéticas asociadas con el IMC pueden participar en procesos neuronales, en concreto, en la señalización del cerebro, que controla el apetito y la utilización de la energía.
"Nuestro trabajo demuestra claramente que la predisposición a la obesidad y el aumento del IMC no se debe a un solo gen o cambio genético", subraya Elizabeth Speliotes, bioinformática de la Universidad de Michigan y autora principal. "El gran número de genes implicados hace menos probable que una sola estrategia funcione para todo el mundo".
Una vez entendidos, estos mecanismos pueden explicar por qué no todas las personas obesas desarrollan enfermedades metabólicas relacionadas, como diabetes y colesterol alto. Asimismo, la identificación de genes y vías asociadas con la obesidad podrían revelar nuevas dianas terapéuticas para bajar de peso.
Referencias bibliográficas:
“Genetic Studies of Body Mass Index Yield New Insights for Obesity Biology”. Nature
 “New Genetic Loci Link Adipose and Insulin Biology to Body Fat Distribution”. Nature 

martes, 3 de febrero de 2015

LOS TRAUMAS DE LA NIÑEZ TIENEN EFECTOS SOBRE LA SALUD EN LA EDAD ADULTA

Los traumas psicosociales de la niñez están relacionados con una peor salud en la edad adulta, según los resultados que se extraen del seguimiento durante varias décadas de miles de personas nacidas en Gran Bretaña. 



3 de febrero de 2015|Por SINC en Scientific Amercian en Español




Una investigación publicada en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS) relaciona experiencias infantiles adversas con un mayor desgaste fisiológico una vez que las personas que las han sufrido alcanzan la edad adulta. El ambiente psicosocial estresante para el niño, ocasionado por diferentes problemas familiares, guarda relación con  peores datos de salud en las siguientes décadas de su vida, según los datos de un estudio que incluye a más de 7.500 británicos nacidos en 1958.


Las experiencias adversas en la infancia es un parámetro conocido como ACE por las siglas del inglés Adverse Childhood Experiences y se construye con datos sobre las circunstancias familiares que pueden generar estrés en el niño, como la separación de sus padres por divorcio o muerte, problemas de alcoholismo de algún miembro de la familia, así como enfermedades psiquiátricas o problemas con la justicia.

Por otra parte, el estado fisiológico de estos individuos ya en su etapa adulta se midió por la carga alostática, una medida del desgaste fisiológico global que en este caso se ha construido con una serie de biomarcadores que se consideran clave para la salud, como la presión arterial, los triglicéridos o el cortisol.

Cristina Barboza Solís, investigadora de la Universidad de Costa Rica que en la actualidad trabaja en la Universidad Paul Sabatier de Toulousse (Francia), declara que la relación entre los traumas infantiles y los problemas de salud posteriores se puede explicar por tres vías: socioeconómica, comportamental y biológica.

En primer lugar, “los niños que han sufrido una adversidad tienen en promedio en su vida adulta un nivel socioeconómico y educativo más bajo”, afirma. Por otra parte, “son más propensos a adoptar comportamientos de riesgo para salud, como fumar, consumir licores o tener un índice de masa corporal superior”. Finalmente, la vía biológica aún está por esclarecer, pero es probable que el sistema fisiológico responda de algún modo al estrés.

Los investigadores tomaron los datos del National Child Development Study, un estudio que incluyó a miles de personas nacidas durante una semana de 1958 en Gran Bretaña, sobre los que se ha hecho un seguimiento a lo largo de sus vidas analizando diferentes parámetros sociales y de salud. Entre estas personas, que en 2015 cumplirán 57 años, se seleccionaron 3.782 mujeres y 3.753 hombres para este trabajo.

Entre los hombres que presentaron adversidades precozmente, las principales conductas de riesgo para la salud medidas en diferentes décadas de su vida (por ejemplo, a los 23, 33 y 44 años) han sido fumar, un bajo nivel educativo y un bajo patrimonio económico. Entre las mujeres que también atravesaron algún trauma infantil, además de estos mismos parámetros, destaca un índice de masa corporal elevado.

La infancia, un periodo crucial
Los resultados son “muy interesantes” porque animan a contar con nuevos factores a la hora de estudiar el bienestar de la población. “Incorporar el ambiente social en el que crecemos” como elemento que influye en la salud “nos llena de curiosidad científica”, asegura Cristina Barboza. En ese sentido, “reconocer la infancia como un periodo de oportunidades en términos de salud sería crucial para la creación de nuevas políticas de salud pública a nivel poblacional”, añade.

La infancia “es un periodo crítico para el desarrollo integral y óptimo de los sistemas fisiológicos y nuestro estudio aporta un granito de arena en la comprensión de los mecanismos que pueden alterar la salud de un individuo a lo largo de su vida”, asegura la investigadora costarricense.

Por eso, su equipo pretende continuar esta línea de investigación para analizar “si es posible que los padres transmitan un capital social, económico y psicosocial, a través del nivel educativo y la posición social, que proteja o altere la salud de sus hijos cuando lleguen a adultos”.

Adaptación a América Latina
Asimismo, Cristina Barboza está interesada en trasladar este tipo de investigación a Costa Rica. “Es difícil extrapolar los resultados a los países latinoamericanos, con realidades económicas, culturales, políticas e históricas tan distintas. Por ejemplo, las variables utilizadas para medir la adversidad pueden ser diferentes en contextos culturales distintos. Sin embargo, la metodología utilizada se puede adaptar y sería un estudio interesante para Latinoamérica si contáramos con las encuestas epidemiológicas adecuadas”, comenta.

De hecho, “es común en América Latina concebir políticas públicas e intervenciones en salud a nivel individual basándonos en estudios realizados en países desarrollados”. Sin embargo, “considero que es un buen momento para iniciar nuestro propio nicho de investigación para concebir políticas públicas de salud adaptadas a las realidades de nuestras poblaciones. Es un reto al que quiero contribuir al regresar”, señala. 

LOS PROBLEMAS PARA DORMIR SON UN INDICIO DE PRESIÓN ALTA

Un estudio realizado en China sugiere que los problemas para dormir, en especial para conciliar el sueño, estarían asociados con el aumento de la presión arterial.

30 de enero de 2015 |Por Kathryn Doyle, Reuters Health en Scientific American en español



Un estudio  realizado en China sugiere que los problemas para dormir, en especial para conciliar el sueño, estarían asociados con el aumento de la presión.
Este es el primer estudio que demuestra que ciertas personas con insomnio están expuestas a un alto riesgo de padecer hipertensión, según señalaron a través de un comunicado los autores, Xiangdong Tang, de la Universidad Sichuan, China, y Alexandros N. Vgontzas, de la Facultad de Medicina de Penn State University.
Aseguran que el insomnio con excitación diurna eleva la secreción crónica de las hormonas del estrés, como el cortisol, que favorece la hipertensión.
El equipo estudió a 300 adultos, incluidos más de 200 con insomnio crónico que no habían podido dormir bien durante por lo menos seis meses. Todos pasaron una noche en el Centro de Medicina del Sueño del Hospital de China Occidental. Al día siguiente, se les realizó una prueba de somnolencia/excitación diurna.
A la noche, durmieron como lo harían normalmente en habitaciones con sonido, iluminación y temperatura controlados. Al día siguiente, tuvieron cuatro oportunidades para dormir una siesta de 20 minutos. El equipo les evaluó la "latencia del sueño", es decir, el tiempo que demoraban en conciliar el sueño, si podían hacerlo. Además, les controló la presión a la noche y a la mañana.
Los participantes sin dificultades para dormir no eran más propensos a ser hipertensos aunque demoraran más tiempo en quedarse dormidos en la siesta.
Los insomnes crónicos que más demoraban en conciliar el sueño en una siesta eran más propensos que el resto a ser hipertensos, aun tras considerar la edad, el género, el peso, la altura, la diabetes y el consumo de alcohol, tabaco y cafeína.
Los participantes con insomnio tardaban más de 14 minutos en quedarse dormidos de día y eran tres veces más propensos que aquellos sin problemas para dormir a tener valores de presión elevados o que les diagnosticaran hipertensión, según publica el equipo en Hypertension.
Eso no ocurrió en el grupo que demoraba menos de 14 minutos en quedarse dormido, sin importar si tenían o no insomnio. La mitad de los participantes con insomnio y un tercio de aquellos sin insomnio demoraban más de 14 minutos en conciliar el sueño durante el día.
Los autores recomendaron que las personas con dificultad para dormir les pidan a sus médicos que les tomen la presión.
"Las personas con insomnio que duermen poco de noche o están híper alertas durante el día tienen alto riesgo de padecer hipertensión –escribieron–, como ocurre con las personas con otros factores de riesgo, como la obesidad, los lípidos elevados, el tabaquismo, entre otros".
La Comisión Especial de Servicios Preventivos de Estados Unidos (USPSTF, por su nombre en inglés) recomienda hacer estudios de hipertensión anualmente en todos los mayores de 18 años, sin importar los patrones de sueño, según explicó vía e-mail el director de la USPSTF, doctor Michael LeFevre, quien agregó que ese control tiene bajo riesgo.
"Aun así, muchas personas con presión alta (en el consultorio) no poseen valores elevados sostenidos fuera del consultorio. Fundamentar el diagnóstico de la hipertensión solo en los valores obtenidos en el consultorio podría inducir el uso de tratamientos innecesarios", dijo el experto.

EL SOL HA ENTRADO EN UN PROCESO DE HIBERNACIÓN QUE REDUCE SU ENERGÍA

El estado de hibernación en el que ha entrado el Sol, que inició en 2004, durará entre 60 y 80 años. Tendrá su menor energía hacia el 2030-2050 y repercutirá en la producción agropecuaria, en la salud de los seres vivos y en las formas de producción energética, entre otros aspectos, estimó Víctor Manuel Velasco Herrera, investigador del Instituto de Geofísica (IGf) de la UNAM.

Publicado el 08 de Diciembre del 2014 en Investigación y Desarrollo

Un un estudio realizado con Blanca Mendoza, del mismo instituto, y Graciela Herrera, del Centro de Ciencias Aplicadas y Desarrollo Tecnológico (CCADET), los científicos recurrieron a modelos teóricos y nuevas herramientas matemáticas para reconstruir los últimos mil años de la actividad solar.
“Así pudimos encontrar la periodicidad de 120 años, en la que nuestra estrella entra en un gran mínimo; logramos realizar una reconstrucción de alta resolución y un pronóstico para este siglo”, explicó Velasco Herrera.
El Sol es responsable de la energía que recibimos en la Tierra y que es necesaria para la vida. “Una de las causas importantes por las que hay que interesarse en estudiar su variabilidad es por su efecto directo en nuestro planeta”, afirmó el experto, quien consideró que las consecuencias de la hibernación solar serán eminentes sobre la actividad humana en las siguientes décadas.
La relevancia de este estudio, difundido en la revista New Astronomy, radica en que los universitarios han encontrado el periodo en que el Sol entra en fases de alta y baja actividad.
“De nuestro pronóstico, en particular para el siglo XXI, ahora sabemos que entramos a un nuevo mínimo solar, lo que tiene implicaciones en la producción alimentaria mundial y en la producción energética”, señaló.

Ésta es la reconstrucción más precisa que se tiene a nivel mundial de la actividad solar. Los especialistas estudian los últimos 200 mil años de actividad y para ello recurren al estudio de isótopos cosmogénicos, como el Berilo-10, “que se obtiene de los núcleos de hielo y contiene información indirecta de cómo era la actividad solar en épocas remotas”, indicó.

Con nuevos algoritmos y metodologías, que se han desarrollado en la UNAM, han logrado estudiar y reconstruir el ciclo solar de los últimos mil años y ahora están por concluir el estudio de los últimos 200 mil años.
Los primeros datos de la actividad solar datan a partir de 1610, año en que Galileo realizó las primeras observaciones de las manchas solares con su telescopio. “Esto pone a la Universidad Nacional a la vanguardia mundial en la reconstrucción y pronóstico de la actividad solar”, destacó.

Planear producción energética y agrícola

Además de la originalidad y alcance de su método, Herrera Velasco enfatizó en su utilidad para llevarlo al plano de la producción energética y agrícola.
“El proceso de hibernación solar afecta al agro. Tendremos que comenzar a usar esta información para planear cómo activar la producción alimentaria en México y en el mundo, pues cuando el Sol tiene alta actividad, permite tener un buen clima, lo que genera creatividad, paz social y bienestar. Pero si es baja, se reduce el rendimiento, hay problemas energéticos y surgen conflictos entre las sociedades humanas”, consideró.
Entre los retos a enfrentar, destaca plantear cuál será la energía del siglo XXI –cuando el carbón y el petróleo están a punto de terminar su ciclo y el Sol se reduce como alternativa–, así como nuevas formas de productividad que eviten la escasez de alimentos en una población mundial creciente.

domingo, 1 de febrero de 2015

SER SALUDABLES ES MÁS FÁCIL CON UNA PAREJA

Las personas son más propensas a dejar de fumar, empezar a hacer ejercicio y adelgazar si comparten estos cambios con su pareja, según revela un estudio sobre matrimonios de Inglaterra.

ACUPUNTURA PARA COMBATIR LA DEPRESIÓN

Esta técnica de la medicina tradicional china podría sustituir a ciertos fármacos o aliviar sus efectos secundarios en los trastornos depresivos

26 de enero de 2015 en Investigación y Ciencia


Son cada vez más quienes buscan alternativas a los medicamentos antidepresivos. Y las investigaciones recientes apuntan a que la acupuntura podría constituir una opción prometedora: un estudio reciente reveló que dicha práctica tradicional china resulta tan eficaz como los fármacos antidepresivos; otro trabajo confirmó que la acupuntura puede resultar útil contra los efectos secundarios de la medicación.
La mayoría de los puntos de acupuntura se ubican cerca de grandes nervios. Los seis que se muestran en esta figura se utilizaron en el estudio que afirma que la acupuntura es tan eficaz como el Prozac para tratar los síntomas de la depresión. Otras investigaciones se han centrado en los mismos puntos, pero los datos sobre sus efectos son ambiguos. [SCIENCE SOURCE]
La mayoría de los puntos de acupuntura se ubican cerca 

figura se utilizaron en el estudio que afirma que la acupuntura es 
tan eficaz como el Prozac para tratar los síntomas de la depresión.
Otras investigaciones se han centrado en los mismos puntos,
pero los datos sobre sus efectos son ambiguos. [SCIENCE SOURCE]
A grandes rasgos, la acupuntura consiste en insertar agujas bajo la piel en puntos del cuerpo que se creen en corespondecia con órganos concretos (ilustración). Las investigaciones occidentales sugieren que estas inserciones pueden activar en el cerebro ciertos analgésicos naturales. La medicina tradicional china indica que este procedimiento mejora el funcionamiento del organismo porque corrige bloqueos de energía o desequilibrios en los órganos.
Según un estudio publicado en 2013 en Journal of Alternative and Complementary Medicine, la electroacupuntura, técnica que consiste en transmitir una ligera corriente eléctrica a través de las agujas, era tan eficaz como la fluoxetina (genérico del Prozac) para reducir los síntomas de la depresión. A lo largo de seis semanas, los investigadores administraron a los pacientes ora cinco sesiones semanales de electroacupuntura, ora una dosis diaria típica de fluoxetina. Los experimentadores, en su mayoría especialistas en medicina tradicional china, evaluaron cada dos semanas los síntomas de los participantes y rastrearon sus concentraciones de la proteína neuroprotectora factor neurotrófico derivado celular glial (GDNF). En estudios anteriores se han observado valores de GDNF por debajo de lo normal en pacientes con cuadros depresivos graves; otros han revelado el aumento de dicha proteína después de tratamientos con medicación antidepresiva.
Trascurridas las seis semanas, ambos grupos presentaban una mejoría similar de sus síntomas: los dos tratamientos devolvieron el GDNF a una concentración normal. No obstante, la acupuntura actuó con mayor rapidez y mostró una reducción más importante de los síntomas al cabo de dos y cuatro semanas en comparación con la terapia medicamentosa. Entre quienes mejoraron, el porcentaje de los que presentaban una «gran mejoría» era mayor entre los que habían asistido a sesiones de acupuntura que en los que habían tomado fármacos.
Otro estudio sugiere que la acupuntura puede ser útil para un aspecto particularmente difícil del tratamiento de la depresión: los efectos secundarios de algunos medicamentos sobre la sexualidad. Según los hallazgos, publicados asimismo en Journal of Alternative and Complementary Medicine, doce semanas de acupuntura favorecieron varios aspectos del funcionamiento sexual, tanto en hombres como en mujeres. Estos hallazgos se suman a un conjunto de investigaciones que proponen que la acupuntura puede resultar útil en una variedad de trastornos, entre ellos, el dolor crónico, la ansiedad y las náuseas.
¿Son fiables los resultados?
Los estudios robustos deben incluir un grupo de control convincente, tener en cuenta el efecto placebo y realizarse a «doble ciego», es decir, que ni los investigadores ni los participantes sepan si el tratamiento que está siendo administrado es el auténtico o uno simulado (placebo). Los resultados, además, deberían reproducirse con éxito en laboratorios de numerosos lugares. Los investigadores en acupuntura han tenido dificultades para cumplir tales requisitos por varias razones.
Efecto placebo: Uno de los principales obstáculos reside en implementar una falsa acupuntura que sirva de condición de control. El primero de los estudios citados no intentó siquiera recurrir a un auténtico control, por lo que resulta imposible saber si la colocación de las agujas, la corriente eléctrica o algún otro aspecto del tratamiento demuestran los resultados declarados. La acupuntura, por otra parte, se asocia a un vigoroso efecto placebo, puesto que muchas personas se sienten sensiblemente mejor por el mero hecho de que un profesional las atienda y toque, lo cual podría otorgar a esta técnica mayor eficacia de la real. Por otra parte, este gran componente placebo podría encubrir diferencias leves, pero auténticas, entre los grupos de tratamiento y de placebo, y enmascarar así el posible valor de la acupuntura.
Doble ciego: Otra objeción es la dificultad para crear un experimento de doble ciego. Tanto los probandos como los observadores pueden sesgar los resultados cuando saben si están participando en un tratamiento auténtico y no en un procedimiento simulado. En el caso de la acupuntura, el profesional sabría casi con total certeza si su intervención es auténtica; ese conocimiento podría alterar su propia actuación. El primero de los estudios anteriores fue «ciego a medias», pues los médicos que evaluaron los síntomas de los pacientes desconocían qué tratamiento había sido administrado.
Sesgos en las comunicaciones: Varios trabajos han señalado un sesgo sistemático en la bibliografía médica. En una revisión de ensayos clínicos controlados llevados a cabo en China, Japón, Rusia y Taiwán, se observó que casi siempre se ofrecían resultados positivos para la acupuntura. En los estudios realizados en el resto del mundo era mucho más común que no se indicasen beneficios. Este sesgo se potencia con el llamado «problema del archivador», a saber, la tendencia a publicar los resultados positivos y a confinar en el archivador los negativos o no concluyentes. En conjunto, los datos sobre la eficacia de la acupuntura han sido ambiguos o contradictorios, y los resultados, en la mayoría de los casos, difíciles de reproducir.