La menstruación es parte del ciclo
reproductivo de la mujer. Cada mes, en respuesta a las hormonas
reproductivas, principalmente los estrógenos y la progesterona, el útero
se prepara para el embarazo.
el a través de Investigación y Desarrollo
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Alterna - útero via Flickr |
Pero si la mujer no queda embarazada,
los niveles de progesterona comienzan a caer. El tejido endometrial
grueso, con sus vasos sanguíneos, empieza a desprenderse y se termina
expulsando a través de la vagina. Y este sangrado es la menstruación.
A primera vista, el proceso parece un
despilfarro. Así que muchos han tratado de explicarlo. "Una de las
primeras creencias en torno a la menstruación era que servía para
eliminar toxinas del cuerpo", dice Kathryn Clancy, una antropóloga de la
Universidad de Illinois en Urbana, Estados Unidos.
Gran parte de la investigación que se
desarrolló en los primeros años de 1900 estuvo marcada por unos tabúes
profundamente arraigados, muchos de los cuales incluso persisten a día
de hoy. En relación a esto, Bela Schick, un conocido físico, concibió el
término "menotoxina" en 1920.
Llevó a cabo experimentos en los que
mujeres con la menstruación y sin ella manipularon flores. Y concluyó
que aquellas que tenían la regla secretaban unas sustancias tóxicas por
la piel que hacían que las flores se marchitaran. Estas menotoxinas, de
acuerdo a Schick, también interrumpían el crecimiento de la levadura y
evitaba que la masa se inflara.
Otros corroboraron sus conclusiones,
argumentando que las toxinas de las mujeres menstruantes podían, además
de estropear las plantas, echar a perder la cerveza, el vino y los
encurtidos. "En aquél tiempo existía la idea de que las mujeres eran
simplemente horribles y repugnantes", dice Clancy.
"Y el problema es que trataron de seguir
diciendo esto hasta finales de los años 1970". En realidad, Clancy
explica que estos estudios estaban tan pobremente argumentados que no
demostraban la existencia de las menotoxinas.
En 1933, una hipótesis muy distinta
sobre la función de la menstruación captó la atención de los medios.
Margie Profet, por entonces de la Universidad de California en Berkeley,
Estados Unidos, sugirió que el cometido de la regla era "defender (a la
mujer) de los patógenos transportados al útero por los
espermatozoides". "En lugar de decir que eran las mujeres las sucias,
aseguraba que lo eran los hombres", señala Clancy. Pero su idea no se
sostuvo por falta de evidencias.
Una de los principales críticos de las
conjeturas de Profet fue Beverly Strassmann, una antropóloga de la
Universidad de Michigan en Ann Arbor, Estados Unidos. En 1996 presentó
su propia teoría. Argumentó que si se quiere conocer por qué ocurre la
menstruación, se debe averiguar por qué las matrices de los mamíferos,
no solo los humanos, pasan por ciclos reproductivos.
Otras hembras de mamífero también
construyen paredes internas en el útero, tal como lo hacen las mujeres. Y
si no quedan preñadas, suelen absorber o expulsar ese material.
Mantener esa capa gruesa y llena de sangre en la matriz consume mucha
energía, explicó Strassmann. Por lo que la cuestión en esto es si la
mujer puede reabsorber toda esa sangre de forma eficiente. Si fuera
demasiada, sería más simple deshacerse de ella mediante la menstruación.
"El hecho de que exista el sangrado en
algunas especies no se debe a una adaptación, sino a un efecto
secundario de la anatomía y la fisiología de estas", concluyó
Strassmann. Y la antropóloga no fue la única en asegurar que la
menstruación era un subproducto, en lugar de algo que la evolución
favoreció de forma específica.
Colin Finn, por aquél entonces profesor
de la Universidad de Liverpool, en Reino Unido, sugirió algo similar en
1998. Su idea era que la menstruación es una consecuencia necesaria de
la manera en la que el útero evoluciona, y no la forma de conservar
energía que sugirió Strassmann.
De acuerdo a Finn, los embriones empujan
y la matriz se defiende ante esto formando capas. Así que el
revestimiento del útero suele estar preparado para recibir el embrión,
pero sólo por unos pocos días. Después de ese tiempo, si la mujer no
queda embarazada el cuerpo se deshace de la gruesa capa.
Ambas ideas están bien atadas. Pero para
llegar a la verdad debemos comparar a los animales que menstrúan con
los que no lo hacen. Aparte de los humanos, muchos mamíferos que tienen
el periodo son primates, un grupo que incluye a monos y simios.
La mayoría de los monos de África, como
el macaco Rhesus, menstrúan, así como los grandes simios. Y más allá de
nuestros parientes más cercanos, otros dos grupos desarrollaron la
menstruación: algunos murciélagos y los macroscelídeos o musarañas
elefante.
Los murciélagos menstruantes pertenecen a
dos familias: los de cola libre y los de nariz de hoja. Así lo explica
John J. Rasweiler IV, un profesor retirado de la Universidad del Estado
de Nueva York, en EE.UU., y experto en la reproducción de murciélagos.
Según él, estas especies menstrúan de forma similar a los humanos.
Por ejemplo, el ciclo del murciélago de
la fruta y de cola corta dura entre 21 y 27 días, casi tanto como el de
las mujeres, dice Rasweiler. Y la duración del periodo de ambos también
es similar. Parece, pues, que la lista de los animales que menstrúan es
bastante corta: humanos, monos, simios, murciélagos y musarañas
elefante.
¿Pero qué tienen en común estas especies
aparentemente tan distintas? Todo se reduce al nivel de control que la
madre tiene sobre su propio útero, de acuerdo a Deena Emera, de la
Universidad de Yale en New Haven, Connecticut, Estados Unidos.
En un estudio publicado en 2011, Emera y
sus colegas señalaban que en los animales menstruantes la
transformación de la pared uterina está totalmente controlada por la
madre, por medio de la hormona progesterona.
Los embriones sólo se pueden implantar
en la pared de la matriz si ésta es gruesa y contiene células
especializadas, lo que significa que la hembra está efectivamente
controlando si puede o no quedarse preñada. Esta habilidad se llama
"decidualización espontánea", según los expertos.
En la mayoría de los otros mamíferos
estos cambios son producidos por señales del embrión. Así, el
revestimiento del útero se espesa en respuesta al embarazo. "Existe una
buena correlación entre las especies que menstrúan y las que muestran la
decidualización espontánea", dice Emera.
¿Pero por qué algunas hembras controlan
su propia pared uterina, mientras otras permiten a sus embriones nonatos
controlarla? "Argumentamos que la decidualización espontánea
probablemente evolucionó por el conflicto entre la madre y el feto",
explica Emera. "Y nos planteamos dos posibilidades, especialmente en
primates", cuenta.
La primera de ellas es que la
decidualización espontánea pudo haberse desarrollado para proteger a la
madre de un feto agresivo. Todos los fetos escarban en la matriz de sus
madres en busca de alimento. Pero algunos lo hacen más que otros.
En caballos, vacas y cerdos, por
ejemplo, el embrión simplemente se posa en la superficie de la pared
uterina. Y en perros y gatos cavan un poco más hondo. Pero en el caso de
los humanos y otros primates, el feto podría excavar toda la mucosa de
la matriz para bañarse en la sangre de la madre.
Esto se debe a que las madres y los
bebés están sumidos en un "tira y afloja evolutivo", dice Elizabeth
Rowe, de la Universidad de Purdue en West Lafayette, Indiana, en EE.UU.
Por un lado, la madre quiere racionar los nutrientes, de forma que le
quede algo para poder tener más crías. Y por el otro, el bebé en
desarrollo quiere obtener toda la energía posible de su madre.
"A medida que el feto se volvió más
agresivo, la madre respondió poniendo en marcha sus defensas ante una
invasión que ya había comenzado", explica Emera. La segunda posibilidad
que plantearon ella y sus colegas es que la decidualización espontánea
se desarrolló para deshacerse de los embriones malos.
Y es que los embriones humanos son muy
propensos a anomalías genéticas, por lo que muchos embarazos se
interrumpen en las primeras semanas. Y esto podría deberse a nuestros
inusuales hábitos sexuales, dice Emera.
"Los humanos pueden copular en cualquier
momento durante el ciclo reproductivo, a diferencia de otros mamíferos
que solo lo pueden hacer en torno a la ovulación", explica Emera. A esto
se le llama "cópula prolongada". Y así como los humanos, la pueden
llevar a cabo otros primates y varias especies de murciélagos
menstruantes y las musarañas elefante.
Como resultado, un cigoto puede tener
varios días en el momento en el que es fertilizado, señala Emera. Y
estos cigotos envejecidos pueden dar lugar a embriones anormales. Una
vez transformada la pared uterina, sus células desarrollan la habilidad
de reconocer y responder a embriones defectuosos.
Así que la decidualización espontánea
podría ser una manera que tiene la madre de conservar sus recursos, dice
la experta. "Evita que invierta en un embrión malo, hace que se deshaga
de él de inmediato, y prepara su cuerpo para otro embarazo exitoso".
Aunque aún no podemos estar seguros
sobre por qué evolucionó la decidualización espontánea, estamos cada vez
más cerca de resolver el enigma de la menstruación. Las ideas de
Strassmann, Finn y Emera sugieren que la menstruación humana es un
subproducto accidental de la evolución de la reproducción.
Puede ser consecuencia de fetos
agresivos o de nuestro hábito de copular sin que nos importe si la
hembra está ovulando o no, o de ambas cuestiones.
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